El justicialismo de Tucumán casi como una franquicia

Hay un debate que hace años nadie se anima a poner en vidriera ¿El peronismo vive o murió con el Gral. Perón?

Los viejos peronistas que aún hoy siguen medrando de la excepcional circunstancia de haber sido, con el objeto de censurar y poner en capilla a los librepensadores, agitaron, agitan y agitaran a diestra y siniestra el latiguillo nacido en los ´60 que no es posible un peronismo sin Perón. Que mejor no lo intenten.

Bueno, la verdad es que el Gral. Perón falleció hace 44 años. ¿Querrá decir esto que desde hace 44 años lo que hasta ahora se hizo e hicieron –incluyéndolos- nunca fue peronismo? ¿Será posible que el peronismo viva más en el pueblo que en sus propios dirigentes?

Por supuesto que las nuevas generaciones nacidas a la política, no desde la militancia (con muy honrosas excepciones), sino en los estudios o consultorios familiares, sostienen la idea de un peronismo vivo a través del justicialismo. Claro que sólo saben cantar la marcha, poner los dedos en V y dar el trato de compañero a quien se le ponga por delante. Es evidente que estos, que son sólo símbolos, convierten al justicialismo de Tucumán en una especie de franquicia con la cual desde hace mucho tiempo algunos –varios- obtienen lo que de una franquicia se espera, cuando les va bien, rentabilidad económica.

Son conocidos en Tucumán los nombres de aquellos que son y han sido siempre peronistas de Perón. Los que aun habiendo ocupado sitios de poder todavía se los puede ver ejerciendo la docencia, el comercio o jubilándose como cualquier otro empleado. Justamente éstos son los desplazados de la franquicia. Los que no quisieron ser empleados del mes. Los que no se allanaron a solicitudes disparatadas. Los que no han perdido el norte que el Gral. trazó y que abrazaron para siempre. No se fueron para especular con ser llamados a cumplir el mandato popular de ser candidatos a tal o cual categoría, la que sea.

Los otros, los dueños de la franquicia –ni hace falta mencionarlos-, los vemos como siempre, sonrientes, afables, humildes, solidarios y hasta desprendidos (cada año electoral). Cuando hay que renovar la franquicia, a la que ni siquiera pagan con su propio capital sino que lo hacen con dineros públicos.

Poner en crisis el sistema para producir el necesario cambio

Es probable, siempre hay esperanzas, que haya una nueva expresión política que aún este en estado larval, cuyos dirigentes lleguen con algún bagaje cultural, con inquietudes propias, con militancia (como sinónimo de compromiso), con la tarea autoasignada de combatir las franquicias y darle a la política el carácter que nunca debió abandonar.

Quizás, para que esto ocurra, sea necesario poner en crisis a los actuales licenciatarios de la franquicia exigiendo lo que las fuerzas jóvenes –las que tienen ideales propios- siempre hacen, que se corran de un espacio que a ojos vista ha sido usurpado a los ciudadanos. Tal vez una derrota electoral de la licenciataria ayude. Tal vez estén más cerca de lo que parece. Tal vez los ciudadanos despierten y se den cuenta de que no son más que objetos manejados a pura promesa de una suerte mejor, eso sí, siempre en soledad y a espaldas de los otros que también la desean, solo para que no los escuchen decir lo que ya le han dicho a muchos otros antes.

Para despertar y tomar conciencia siempre es relevante recordar una célebre frase de Friedrich Nietzsche “Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud”.

Por: El Tío Abundio

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