La IA en las aulas: entre el fracaso de la lectura y el futuro de la educación
Hace poco más de un año, la Universidad Global Handong se convirtió en el escenario de una presentación que buscaba mostrar el futuro de la educación apoyada en la inteligencia artificial. El evento convocó a más de cien personas y puso sobre la mesa diversas iniciativas tecnológicas. Sin embargo, mientras las instituciones intentan diseñar ese porvenir automatizado, la realidad cotidiana en las escuelas secundarias va por otro carril bastante más complicado, donde el uso diario de estas herramientas está chocando de frente con la capacidad de los pibes para comprender lo que leen.
No es ninguna novedad que la IA se metió en la educación con una fuerza tremenda. Aunque la mayoría de los colegios mantienen reglamentos estrictos que prohíben meter mano en estas tecnologías para hacer las tareas, la verdad es que los alumnos las usan todos los días para zafar de los deberes, los proyectos y hasta los exámenes. Los datos del College Board muestran que, ya para mediados de 2025, el uso de herramientas de IA generativa para el estudio había trepado del 79% al 84% entre los estudiantes de Estados Unidos. Es más, el 69% de los chicos de secundaria admitió sin vueltas que usa ChatGPT para sacarse de encima las entregas escolares.
La contraescala de este fenómeno se vio reflejada en un informe bastante jodido del Centro Nacional de Estadísticas de la Educación de ese mismo país. La Evaluación Nacional del Progreso Educativo encendió las alarmas al revelar una caída tremenda en los niveles de alfabetización. El estudio señalaba que cerca del 33% de los alumnos de octavo grado —los que están ahí de arrancar la secundaria— tienen un nivel de lectura que califica como “atrás del básico”. O sea, les cuesta un montón seguir el hilo de una historia simple en un texto y son incapaces de armar un resumen propio con la idea principal de lo que acaban de leer.
Al principio, muchos analistas y profesores le echaron la culpa de esta falta de atención y comprensión al boom de las redes sociales como TikTok o Instagram. Pero a medida que la IA se vuelve parte del paisaje, los docentes y directivos empiezan a ver que el problema va por otro lado y que es bastante más profundo. En charlas con estudiantes de secundaria, la mayoría reconoce que usa la tecnología para que les resuma los textos y así saltearse las tareas que exigen sentarse a leer y escribir en serio.
El asunto es que, al delegar esto en una máquina, los chicos dejan de procesar grandes volúmenes de información y se saltean una parte clave del aprendizaje: ese proceso deliberado, que a veces da dolor de cabeza de tan lento, que es el pensamiento crítico. Los resúmenes automáticos y los atajos no solo liman la capacidad humana de generar una idea original, sino que frenan el desarrollo lingüístico básico para seguir tramas complejas, armar un juicio propio y comunicarse con el resto. Ahí es donde se nota el bache: sin una regulación clara, la alfabetización va camino a empeorar.
Cuando se les pregunta a los estudiantes por qué terminan cayendo en la IA, la respuesta más común es la saturación. Más allá de la típica resistencia a agarrar los libros, hay estudios que avalan que la vida escolar se volvió mucho más estresante. La carga académica subió cerca de un 70% en los últimos años, a lo que hay que sumarle la presión por participar en actividades extracurriculares. Esa locura por sacrificar todo con tal de entrar en una buena universidad es lo que empuja a los pibes a usar la IA en las escuelas más competitivas. Lo irónico es que, por salvar el momento, están poniendo en riesgo las habilidades que van a necesitar para la vida después de los estudios.
La solución, de todas formas, no pasa por prohibir la tecnología. Como bien dicen los profesores que están en el frente de tormenta día a día, la IA llegó para quedarse. En los cursos de los últimos años de la escuela media, aunque el derrumbe de los niveles de lectura no golpee a todos los colegios por igual, el aumento en el uso de estas plataformas adentro del aula es innegable. Por eso, en varios distritos escolares ya se empezó a barajar y dar de nuevo con los planes de estudio para adaptarse a esta realidad.
El desafío actual de los docentes pasa por ser sumamente estratégicos con lo que piden. Hoy en día, una IA te armá un video, un podcast o una presentación de diapositivas en un par de clics. La clave ya no está en el resultado final, porque ahí es muy fácil que aparezca el contenido automatizado. El foco se está trasladando a evaluar el proceso, asegurándose de que las destrezas que los alumnos necesitan incorporar se vayan desarrollando sobre la marcha, paso a paso, en lugar de mirar solamente el producto terminado que entregan en el escritorio.