Cocina práctica y con sabor: tres recetas infalibles para renovar el menú semanal sin complicarse la vida
A la hora de encarar los fuegos, la premisa muchas veces es resolver con lo que hay en la heladera, buscando platos que sean rendidores y que dejen a todos contentos. Ya sea que estemos reciclando sobras de un asado o buscando alternativas para incorporar más vegetales en este enero, la cocina casera ofrece un abanico de posibilidades que van desde los clásicos locales hasta sabores internacionales adaptados a la despensa diaria. Aquí presentamos una selección de platos pensados para la vida real: reconfortantes, sabrosos y a prueba de principiantes.
El regreso triunfal del salpicón de ave
Más allá de la típica ensalada César, el salpicón de pollo se planta como una opción mucho más llenadora y versátil. Es ese caballito de batalla ideal para cuando necesitás que la comida rinda: con apenas dos pechugas pueden comer tranquilamente ocho personas. Lo interesante de esta preparación es que satisface tanto a los fanáticos del pollo como a quienes no mueren por las aves, y permite una inventiva casi infinita. Podés usar el pollo al horno o a la parrilla que te quedó del día anterior, o bien hervirlo con verduras para aprovechar el caldo, aunque a veces comerlo hervido no tenga tanta prensa.
Para quienes no se dan mucha maña en la cocina, el secreto está en la variedad. Además de la carne, esta versión súper completa lleva papas (o papines), huevo duro, aceitunas y cebollines. Si querés darle una vuelta de tuerca, sumale chauchas, granos de choclo, zanahorias hervidas o espárragos. Incluso, si querés evitar la papa, el arroz es un excelente reemplazo. La preparación es sencilla: se cocinan las pechugas sin piel en agua con sal gruesa y laurel, dejándolas enfriar en el líquido para que no se sequen antes de cortarlas en láminas. Las papas se hierven con cáscara y se cortan tras un choque térmico en agua helada.
El aderezo es lo que termina de levantar el plato. En un bol se mezclan cuatro cucharadas de mayonesa, jugo de limón, aceite de oliva, perejil fresco picado, una cucharadita de mostaza y una pizca de ají molido. Si preferís algo más liviano, podés obviar la mayonesa y quedarte solo con el oliva. Se sirve frío, decorado con los huevos, y funciona perfecto como relleno de sándwiches, tacos o simplemente al plato.
Un curry exprés con sello británico e inspiración india
Si la idea es bajar un cambio con el consumo de carne y volcarse a opciones más vegetales, o simplemente estás participando del desafío de comer vegano en enero, hay vida más allá de la ensalada mixta. El comediante y cocinero George Egg rescata una anécdota de su colega Romesh Ranganathan para transformar un clásico de la alacena británica —los porotos en salsa de tomate o baked beans— en un dal especiado y lleno de alma. Es la prueba de que con los condimentos correctos, una lata del supermercado puede convertirse en una cena gourmet.
La clave de este “Baked Bean Dal” radica en el sofrito. Primero, hay que enjuagar ligeramente dos latas de porotos (400g cada una), conservando un poco de su salsa original para no perder ese sabor característico. En una cacerola profunda, se calientan los porotos junto con rodajas de jengibre fresco, cúrcuma en polvo y un chile verde entero. Se pisan apenas con un pisapapas —la idea es romperlos, no hacer un puré— y se cocinan a fuego bajo por diez minutos.
Mientras tanto, en una sartén aparte, se prepara el tarka o templado de especias: se derrite manteca o ghee (o una alternativa vegana) y se fríen ocho dientes de ajo cortados en bastones junto con semillas de comino. El punto justo es cuando el ajo está dorado, cuidado que no se queme porque arruina todo. Fuera del fuego, se agrega pimienta de cayena o chile en polvo y se vuelca este aceite aromático sobre los porotos. Para terminar, se espolvorea con garam masala, una pizca de azúcar negra y cilantro fresco. El resultado conserva la identidad del poroto pero con una profundidad de sabor que sorprende.
Alitas al estilo coreano (pero sin pollo)
Para cerrar el menú con algo ideal para una picada con amigos y una cerveza bien fría, la dupla de Bosh!, Henry Firth e Ian Theasby, proponen unas “alitas” pegajosas, picantes y totalmente indulgentes que, en realidad, son veganas. Aunque el título original hable de pollo, la magia aquí la hace el tofu extra firme, tratado con tal cariño que logra una textura crocante irresistible.
El proceso comienza prensando dos bloques de tofu para retirar el exceso de líquido y trozándolos con la mano en pedazos irregulares. Estos se rebozan en una mezcla de seis cucharadas de maicena, sal y pimienta blanca, para luego freírse en aceite hasta lograr ese dorado crujiente. Pero el verdadero protagonista es el glaseado coreano: una mezcla potente de pasta de gochujang, aceite de sésamo tostado, vinagre de arroz, salsa de soja, azúcar negra, ajo y jengibre rallados.
Una vez que el tofu está frito y crocante, se baña en esta salsa espesa y brillante. Se pueden servir solos, decorados con cebolla de verdeo, sésamo tostado y un poco de chile fresco, o armar unos sándwiches espectaculares con kimchi y mayonesa vegetal. Es un plato pensado para compartir y ensuciarse los dedos, demostrando que la cocina basada en plantas no tiene por qué ser aburrida ni carente de sabor.